¿Qué es la belleza? Una cualidad propia de algo? que provoca en quién? un agrado, un placer, un bienestar, un olvido de tí, un paréntesis existencial? una anulación completa, aunque reversible según cómo lo mires, de tu cabeza cabal que se supone que no pertenece a un animal? un éxtasis? una catarsis? un volcán en erupción que nace desde la barriga y parece que se te va a salir por la boca? La belleza puede dar hasta asco si lo piensas. Si no lo piensas, a veces, ni te enteras del asco que da. Pero, quién y cómo se puede vivir sin belleza? Llega a ser hoy ayer y saco el sofá a la calle. Se lo hubieran llevado. Hoy ya no se vale. La belleza de hoy tenía que ver con cambiar las cosas de sitio casualmente para descubrir que acabas de encontrar la solución a todos tus problemas eliminando, simplemente, medio sofá. Compré esta casa convencida de qué? de nada. Pero supuse que quería el sofá a pesar de que fue el imperativo visceral del primer mes de estar viviendo aquí (me gustaría decir de acá): sobra sofá. Pero claro, el sofá era el sofá, mi sofá desde el año 2019, con su chaiselongue y sus otras dos bien holgadas plazas de sofá (me gustaría más hablar en francés). Y decir: plié, demiplié, chaislongue. Jajaja. Pero no, sobran las dos piezas holgadas de sofá. Plazas, que diga. He hecho el movimiento y lo he visto claro: me cabe todo aquí. Lana no está de acuerdo, a los gatos se la pela.
Pero, ¿qué es la belleza? ¿la cualidad, el algo o el quién? ¿o el volcán en sí? ¿lo que hace el volcán que pertenece al algo que permite esa cualidad? ¿eso que hace es en sí misma la belleza y no el quién ni el qué ni su nombre? No existe la categoría de belleza.