Divagativa

De los monstruos que nos visitan, las disoluciones irreversibles y otras alegrías

Hubo un tiempo en que la belleza conseguía disolver la tristeza. Hoy me pregunto, si todas aquellas veces en que creí haberla disuelto, no fueron, en realidad, simples formas de distraerme de ella. Se me ocurre que cada vez que creí vencerla, no hice más que sepultarla en lo más hondo de mi ser. En un rincón tan lejano que creí haberla superado con todas mis fuerzas. Pero, ¿y si la fuerza se ejerció hacia abajo en lugar de hacia afuera? Hoy percibo a borbotones cómo se dispara y, sin asfixiarme del todo, me ahoga. El corazón late solamente porque vive y la cabeza, sin embargo y encima, no se calla. Me dice, inapropiadamente, que cada vez que ofrecí amor, lo hice vacía. Me dice que entregué un amor que no tenía. Mendigué, por eso, un amor que jamás me penetraría porque no había nada que atravesar, sólo un vacío hueco y frío que lo haría rebotar. Me exige claridad y transparencia, que admita que no sé quién soy. Viene a rendirme cuentas. Hace un repaso de los últimos años y sólo me entrega desvarío, fantasía y fracaso. Es como si hubiera vuelto de un viaje para el que jamás compré el billete…como si hubiera vuelto de un secuestro, de un rapto, de un viaje involuntario. Y ahora, solamente soy un cuerpo que funciona. Tengo el alma seca. No me late el corazón frente a ningún interrogante, poema o canción. Se ha congelado mi sangre. El arte no significa nada. La filosofía no sirve para nada. Los libros no merecen ser leídos por una mente tan hueca como la mía. Las palabras no dicen nada. La gente y mi vínculo con ella es superficial y pasajero. Nada permanece. Ningún objeto de estudio, de contemplación o de placer, me despierta las ganas. Tengo fuerzas para entrar en la cama, pero no para salir. Tengo fuerzas para entrar en la bañera, pero no para salir. Tengo fuerzas para pensar, pero no para actuar. Tengo cabeza para saber que algo es bello, pero no un corazón despierto que lo note. He perdido la esperanza en el resurgir porque nada es auténtico, porque se han caído los velos, porque la fantasía se ha desvelado. Estoy convencida de que, si un día me despierto, o algo me sucede que me sacude entera y me hace sentir chiribitas, burbujas y murciélagos o mariposas en la barriga, sería otra farsa que volvería a disolverse, pero no como la tristeza, que puede camuflarse, sino como se disuelve la fe al hacerte la pregunta correcta. La posibilidad de rendirme a la estúpida sensación del sentido, ha muerto. Me percibo como alguien digno de lástima para otros e insoportable para mí misma. Hoy comprendo que no hay salida. Veo las huellas que han dejado mis pies sobre la arena, la tierra y el asfalto, pero no veo posibilidad de seguir andando. Me he quedado quieta del desencanto. La tristeza me inmoviliza y nada puede salvarme de ella más que la apatía y la indiferencia. ¿Pude alguna vez haber evitado esto? ¿Puedo seguir amando la vida desde aquí? ¿Hay alguien más ahí? ¿Es ahora cuando viene el león a rugir?

 

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